El mundo actual se encuentra en un momento histórico en el que el imperialismo occidental, liderado por los EEUU, profundiza su decadencia en todos los planos (económico, político, social, ideológico, moral…). Por ello, se prepara para recurrir a la vía que históricamente le ha sido útil, la guerra.

Para la preparación de esta guerra, los estados occidentales están virando hacia posiciones autoritarias mientras alimentan movimientos fascistas, tal y como ocurrió de forma previa a la Segunda Guerra Mundial. El objetivo principal de este viaje es el de garantizar el control social y reprimir cualquier expresión que pueda confrontar sus planes internamente.
Una cuestión necesaria para el surgimiento y crecimiento del fascismo es el auge del irracionalismo, el pensamiento mágico y el embrutecimiento social expresados de diferentes formas, y tan extendidos actualmente entre la sociedad y en buena parte de las organizaciones y partidos de izquierdas. Identificarlo y combatirlo es también una tarea imprescindible del movimiento antifascista y revolucionario.
Mientras todo esto sucede, la represión hacia quienes nos oponemos a sus planes guerreristas, hacia quienes hacemos frente al fascismo, hacia quienes nos solidarizamos con los pueblos agredidos por el imperialismo como Palestina, Venezuela, Cuba o Irán y en definitiva hacia quienes nos organizamos para combatir este sistema de miseria, no hace más que incrementarse.
Un buen ejemplo de todo ello lo tenemos en nuestro ámbito geográfico, donde el “Gobierno del Progreso” permite que los grupúsculos fascistas campen a sus anchas mientras amedrenta y criminaliza a los movimientos populares que les enfrentan o reprime las múltiples expresiones de solidaridad con otros pueblos, como ocurrió durante la Vuelta ciclista. Aún con esto, pretenden instrumentalizar la lucha antifascista presentándose en cada campaña como la opción para acabar con el fascismo, cuando son sus medidas las que lo alimentan.

Para articular una línea de acción realmente útil debemos tener en cuenta que al igual que ocurre con el capitalismo, el fascismo adquiere características concretas en cada lugar. En el Estado español el fascismo, como fiel sirviente de los intereses capitalistas, se articula en torno a la exaltación del españolismo frente a los pueblos oprimidos por este. Por lo tanto, ser antifascista en el Estado español debe estar ligado a la lucha por la soberanía de los diferentes pueblos bajo su yugo.
Combatir el imperialismo y su proyecto nazi-sionista es combatir al fascismo en cada lugar, es luchar por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y es organizarnos para que de la guerra imperialista quien salga victoriosa sea la clase obrera. Desde Castilla, la unidad antifascista y antiimperialista resulta más necesaria que nunca, porque lo que está en juego no es nada menos que el futuro de la humanidad.
¡Por la soberanía de los pueblos! ¡Contra el imperialismo, lucha antifascista!
